La sangre de plomo de los Cuadri

Feria de San Isidro 2015

Media verónica de Fernando Robleño al inmenso toro de Cuadri JAVIER BARBANCHO

Media verónica de Fernando Robleño al inmenso toro de Cuadri JAVIER BARBANCHO

O el cartel se había confeccionado con la idea de reunir a tres matadores curtidos en Madrid -lo que adquiere el mayor de los respetos- o se había eleborado por estatura -lo cual requiere imaginación-: Luis Miguel Encabo, Fernando Robleño y Alberto Aguilar formaban el paseíllo más parejo de todo San Isidro tirando por lo bajo. En época de toreros NBA, la talla molde de Manolo González se añora. Claro que en la época de la sevillanía de MG, años 50, no se conocía un toro del volumen y la hondura del toro de Cuadri. Ni falta que hacía.

Fernando Robleño para citar a aquel toro de 580 kilos tenía que arquear un poco la figura para que cupiese entre la longitud de su brazo y el cuerpo. No sé si el personal percibió todo lo que tragó Robleño. El cuadri siempre anduvo con el freno de mano puesto, el ojo avizor y echaba la cara entre las pezuñas con toda la incertidumbre que genera. FR de uno en uno hilvanó y provocó las arrancadas al paso y a la voz para hacerlas romper hacia delante. Y consiguió naturales notables tanto como derechazos que tapaban la media altura de la embestida aparentemente obediente. Mejoró al toro todo lo que planteó, un arma de doble filo a los ojos de Madrid. Demasiado tibia la ovación para el torero tras el arrastre.

Si Robleño se dejó parte de la laringe para provocar las repeticiones del cuadri, Encabo casi quedó afónico con el hondo y primer marmolillo de bárbara badana que tan generosamente lidió. El reflejo de la plata del terno de Luis Miguel potenciaba las canas de sabia veteranía. Ligero con las banderillas como si no hubieran transcurrido 20 años, pasaba con la muleta el pitón contrario en busca de lo imposible. Plomo en la sangre.

A Alberto Aguilar el suyo, un punto más alto y más largo, le duró exactamente dos series con la mano derecha en las que el toro de cuadri, el tercero ya, colocaba la cara en plano de avión en pos de la muleta. Y ya se acabó. Aguilar insistió. Incluso intentó la izquierda, por donde todo lo más que consiguió fue un amago que le convenció para ir a por la espada. Tres pinchazos y se echó encogido el muerto.

Encabo volvió a estar suelto y resuelto con el capote en una saludo de verónicas airosas y una media muy torera con el inmenso y castaño cuarto. Quisieron lucirlo en el caballo y aquello acabó como el rosario de la aurora, descabalgado el picador y el toro entero con todo su volumen a cuestas. Ángel Otero puso un par magistral. El cuadri, como todos, apretó hacia los adentros. Un rurún de expectación para el siguiente encuentro. Pero el toro esperó y pegó un cabezazo que desarmo a Otero de los palos. Cambiado el tercio y con el orgullo tocado, pidió permiso para otro par que se quedó en un sola banderilla.

A Luis Miguel Encabo le quedaba la papeleta. El toro tardeaba pero cuando atacaba lo hacía con todo y repetía a lo bruto. La figura del torero como la Torre de Pisa para que entrase la mole. A mí así el toreo se me antoja muy difícil por pura física. Por la izquierda sucedió ídem de lo mismo. Algún iluso pretendería que se echase el toro a la cadera… De siempre lo de don Celestino Cuadri fue de faenas cortas. La quinta tanda nunca llegó porque el encastado toro se puso a hacer hilo ya desengañado de la muleta. La estocada asomó por el costillar y Encabo se encasquilló con el descabello. Aplaudieron mucho al toro en el arrastre.

La densidad de la pesada tarde, porque ciertamente pesaba, se amplió cuando el cinqueño quinto derribó y hubo que desnudar al caballo, o dejarle en ridículas enaguas, para convencerle de que debía levantarse. El viejo cuadri embistió mal y Robleño de nuevo sacó redaños y profesionalidad hasta que se quedó sin enemigo. No se valoró su esfuerzo, afeado por una estocada baja. Seria feria la suya.

Un comportamiento calcado el del último en el tercio de banderillas, amagado a la espera. Y en la muleta de Alberto Aguilar más de lo mismo. A la defensiva. No se sabe qué le vio para brindarlo. Le tiró ganchos como Foreman. Peso pesado de guardia cruzada. Para matar los sintió silbar Aguilar el mentón.

El Mundo

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